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Hundir España Hundir España no es redibujar el trazado de sus fronteras. Hundir
España es ver sus bosques ardiendo cada verano y al desierto invadiendo
lo que antaño fue paisaje. Hundir España no es hablar con un idioma u otro. Hundir España es dar patente de corso al lenguage de los maletines y las comisiones, que sepulta nuestro litoral bajo toneladas de cemento. La desigualdad entre los españoles no depende de las competencias que tenga o deje de tener cada Comunidad Autónoma. La igualdad entre los españoles dará un paso adelante cuando dejen de existir contratos laborales de una semana y salarios mínimos interprofesionales que se sitúan por debajo de la media de alquiler de un piso. La insolidaridad entre los españoles no se basa en que Cataluña o Andalucía se llamen Comunidad, Nación, Realidad Nacional o Bocadillo de Salchichón. La insolidaridad entre los españoles tiene su cara más amarga en las fortunas que atesoran los especuladores de la vivienda, a cambio de que buena parte de la clase obrera no pueda acceder a una vivienda, y la otra lo haga “gracias” a hipotecas que superan en duración a la vida laboral. Que se proponga modificar la Constitución del 78 para cambiar la estructura del Estado no es grave. Lo verdaderamente escandaloso es que en su articulado no exista el derecho a la libertad de expresión y de opinión sin limitaciones, tal y como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y que ni siquiera se piense en modificarlo. El problema número uno no es que ETA deje o no deje las armas, o que cojan o no a Osama Bin Laden. El problema número uno quizá sean las mucho más numerosas víctimas que deja el terrorismo doméstico (que no piensa negociar), el terrorismo en las carreteras (que no piensa negociar), el terrorismo empresarial (que deja su reguero de víctimas de siniestralidad laboral y que no piensa negociar, si no es a la baja) o el terrorismo de nuestro sistema económico, que impulsa a miles de personas a dejarse la vida en el Estrecho huyendo de la miseria más profunda. En resumidas cuentas: los problemas reales de España son, principalmente, los problemas de los españoles. Y no los símbolos, los himnos, las luchas intestinas entre clanes en el poder, la pérdida de beneficios que afecte a un par de multinacionales o que dos concejales maleducados hayan pasado por comisaría con o sin justificación. Dedicado, cómo no, al portavoz jefe de la emisora del Vaticano... |
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